¿PUEBLOS SIN VECINOS?
Transformaciones urbanas y rurales
en Chulumani, 1998-2012
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El baile de Loco Palla Palla en la fiesta patronal de Chulumani (San Bartolomé, 24 de agosto)

Al fin, esta fiesta es del santo patrón del pueblo y no de las comunidades, algunas de las cuales -no todas- tienen santos y fiesta propios. 'El veinticuatro' es un primer lugar un espectáculo ofrecido para entretener a la población rural, que acude en masa en la víspera y en el último día. Es raro que una comparsa que representa a las comunidades participe en la entrada. Una excepción fue en 2005 cuando entró un conjunto de sikuriada (sin bailarines) de comunarios de Cuchumpaya, Parruscato y Takipata. La participación comunaria tradicional es a través de un solo baile, los Loco Palla Palla, nominalmente a cargo de la comunidad de Mitma. No toma parte en la entrada de día, sino entra a la medianoche de la víspera, y de lado opuesto de la plaza por donde entra el resto de las comparsas. La música consiste en una tonada particular de siku, pero a diferencia de todos los demás conjuntos de este instrumento, carece de percusión. Los disfraces son caseros. Los músicos visten placas de cartón, uno en el pecho hasta la cintura y otro largo terminando en dos puntos por la espalda, forrados de papel negro decorado con calaveras, huesos cruzados y otros símbolos de la muerte en papel plateado, y sombreros bicornios del mismo material y decorado, con elevadas plumas que son las espigas del junco siwinqa. Llevan el siku en una mano y un bastón en la otra. Alrededor de ellos bailan las figuras, que consisten mínimamente en dos munti jaqi (ser humano del monte), totalmente cubiertos uno con líquenes de los árboles y otro con la paja tejida de los nidos colgantes del pájaro uchi; un cura, con la cruz, y su sacristán con un balde de agua bendita; un condenado, con un hábito café o a veces azul o blanco, que puede arrastrar un ataúd; un hombre vestido de mujer, a veces de novia o de viuda, conocido como 'la rabona'; y dos q'ara diablos, en la ropa interior blanca que utilizan los bailarines de moreno debajo de sus disfraces, botas de bailarín de diablada, máscaras caseras con cuernos y una nariz exagerada, y colas trenzadas de alambre incrustadas con espinas. A intervalos regulares, el cura se agacha imitando el gesto de la consagración de la hostia en la misa.

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